viernes, 27 de enero de 2017

Nowruz - El Año Nuevo Persa y el Equinoccio de Primavera


Darío el Grande recibe saludos y regalos de los gobernadores y embajadores. Relieve en Persépolis, Irán

Nowruz - El Año Nuevo Persa y el Equinoccio de Primavera
Nowruz, conocido como el año nuevo Persa, es una de las más antiguas celebraciones de la historia y se celebra desde 4000 años en lo que hoy es Irán y en su área cultural extendida, conocida como el Grande Irán (o Irán Mayor). Es una celebración antigua relacionada con el equinoccio de primavera que ocurre el 20 o el 21 de marzo de cada año. En los tiempos antiguos, los reyes Persas hicieron hincapié en gran medida de la importancia de este evento, e invitaron a la corte real todos pueblos de su imperio para las celebraciones y para recibir regalos. Después de miles de años Nowruz sigue siendo la fiesta más importante para los Iraníes, así como para 300 millones de personas en los países vecinos de Irán, que  celebran juntos la llegada de la primavera y el renacimiento de la naturaleza.

Orígenes míticos e históricos de Nowruz

Nowruz es el nombre Persa del año nuevo que consiste en dos palabras; now  y no significan nuevo y ruz ​​o rooz significa día, y cuando se ponen juntos significan nuevo día. Esta celebración y sus eventos asociados se celebran desde hace miles de años por el pueblo de Irán y por los países de Asia Central, antiguas partes de los antiguos imperios persas. Nowruz surgió en estas zonas del mundo por pueblos que dejaron la vida nómada y empezaron nuevos asentamientos establecidos, comenzando una nueva etapa de la civilización humana. Hoy en día, es el único evento mundial que se celebra en el mismo momento en todo el mundo. La celebración no está conectada a la religión y se basa en acontecimientos celestiales astronómicos, aunque Nowruz está profundamente arraigado en el Zoroastrismo, la antigua religión Persa.

En 1725 antes de Cristo, el primer filósofo y profeta del mundo de religión zoroástrica, Zaratustra, mejoró el antiguo calendario Indo-Iraní. El año zoroástrico comienza con esta fecha. Zaratustra estableció en la época un observatorio en el actual provincia de Sistán, en el sureste de Irán y con su conocimiento de la astronomía fue capaz de establecer un calendario solar que consta de 365 días, 5 horas y 48 minutos.

Durante el siglo VI antes de Cristo el magush era el sacerdote de los templos del fuego de Zoroastro, guardián del fuego y astrónomo al mismo tiempo. Estos sacerdotes calcularon que el equinoccio de primavera del hemisferio norte se producía el 20 o 21 de marzo y esta fecha marcó el primer día del calendario solar Persa. Los sacerdotes estaban estrechamente relacionados con los hechos ocurridos en la ciudad de Parsa, también conocido como Persépolis. Esta ciudad, fundada por el rey Persa Darío el Grande en el año 515 antes de Cristo, fue la capital ceremonial del imperio Aqueménida Persa y la residencia de primavera de los reyes. Los reyes invitaban a Persépolis nobles de todas las provincias del imperio para celebrar Nowruz, independientemente de su origen étnico y creencias religiosas. Durante las horas de la mañana, los sacerdotes oraban y realizaban rituales que eran seguidos por fiestas y espectáculos por las tardes y las noches. Incluso hoy en día se pueden ver, en las ruinas de los palacios reales, relieves que representan los gobernadores y embajadores que traen regalos preciosos y homenajes para el Rey de los Reyes.

Durante el reinado de los reyes Sasánidas entre 224-651 d.C. se empezó a iniciar los preparativos unos 25 días antes de Nowruz. Los artesanos y constructores de la corte real construían doce columnas de ladrillos de barro y varias semillas eran puestas en la tierra, en la parte superior de cada columna. Cada columna era simbólica y representaba un mes. En el momento de Nowruz, las semillas se habían convertido en majestuosas plantas decorativas. El rey tenía un discurso delante del público noble, seguido de saludos desde el más alto noble del imperio. Los funcionarios del gobierno también saludaban al rey. Cada persona invitada hacía un regalo al rey hasta el sexto día de Nowruz, cuando los miembros de la familia real visitaban la corte. Durante Nowruz, una amnistía oficial perdonaba los delitos menores. La gente en todo el imperio celebraba este evento durante trece días.

Aunque Nowruz es la celebración de un evento celestial, está profundamente enraizada en la mitología de los Persas. Nowruz se centra en los aspectos filosóficos de las tinieblas conquistadas por la luz, del bien que vence sobre el mal, del calor de la primavera que conquista el frío del invierno. Según las antiguas historias míticas escritas en la épica persa Shahnameh, Nowruz fue introducida durante el reinado de un rey mítico, llamado Jamshid. Jamshid derrotó a los demonios del mal, los hizo sus siervos y capturó también sus tesoros y joyas. Luego se convirtió en el gobernante de todo en la tierra, excepto de los cielos, mientras el mundo estaba devastado después de la guerra entre él y los demonios. Los árboles habían muerto y perdido todas sus hojas. La tierra se había convertido en un lugar oscuro y sin vida. Para llegar a los cielos, Jamshid ordenó a los demonios de construir un trono hecho con las joyas que había capturado. Cuando se terminó el trono, se sentó en ello y ordenó a los demonios de levantarlo alto en el cielo. Mientras estaba sentado en su trono, los rayos solares tocaron las joyas de su trono y el cielo se iluminó con todos los colores del mundo. Los rayos radiantes de Jamshid revitalizaron todos los árboles y plantas que volvieron verdes y llenos de hojas. La vida en la tierra comenzó a prosperar, cuando Jamshid se levantó como el sol. La gente estaba asombrada por la visión de Jamshid y lo abrumaron con aún más tesoros y joyas. Este día de celebración fue nombrado Nowruz y marcó el primer día del año. Historias siguientes cuentan que Jamshid más tarde rescató a su pueblo de un duro invierno que había matado a todas las criaturas de la tierra. Las historias mitológicas de supervivencia con Jamshid como personaje principal son consideradas como símbolos míticos, relacionados con los acontecimientos históricos de cuando los Arios Indo-Iraníes neolíticos abandonaron sus estilos de vida como cazadores-recolectores, para convertirse en colonos del continente Iraní. Los asentamientos eran profundamente dependientes de sus cultivos y del turno de las estaciones. Por lo tanto, el equinoccio de primavera marcaba un acontecimiento muy importante en la vida de los antiguos Iraníes.

Ilustración de Zaratustra
Prácticas tradicionales asociadas a Nowruz

En la noche del martes y en la siguiente mañana del último miércoles del año, se dispone un festival de fuego llamado Chaharshanbe Suri, que se traduce como el Miércoles rojo. En esta noche, se encienden siete hogueras y la gente se reúne para saltar por encima de cada hoguera, repitiendo "mi amarillez para tí y tu enrojecimiento para mí": metafóricamente significa que uno da su enfermedad al fuego para recibir salud y prosperidad. También se canta y se baila mientras se encienden los fuegos artificiales y se comen alimentos. Un personaje llamado Haji Firuz, vestido con ropa de color rojo y con una cara pintada de oscuro, canta, toca instrumentos y entretiene a la gente. En los tiempos antiguos, este pre-celebración se organizaba con el fin de anunciar a la gente que Nowruz estaba cerca.

Antes de Nowruz, las familias Iraníes inician la limpieza anual de sus hogares para la primavera. Esta ocasión en Persa se llama khaneh tekani. Una vez finalizado el trabajo de la casa, se prepara la la ceremonia de Nowruz: esta se llama Haftsin, que significa siete eses, donde elementos simbólicos que comienzan con la letra "S" se ponen junto con otros complementarios. El número siete tiene un significado sagrado en la filosofía Persa y permea muchos elementos de la cultura. Una descripción del significado simbólico de los siete temas del siguiente modo:

Sabzeh - Trigo sembrado que simboliza el renacimiento de la naturaleza.
Samanu - Budín dulce hecho de brotes de trigo que simboliza los dulces momentos de la vida.
Sib - Manzana roja que simboliza la belleza.
Senjed - Baya de plata dulce que simboliza el amor.
Sir - Ajo que simboliza la salud.
Sumaq - Especia Persa cuyo color simboliza el color de la madrugada antes de la salida del sol y la victoria de la luz sobre la oscuridad.
Serkeh - Vinagre que simboliza la vejez y la paciencia.

El ceremonial de Haftsin se extendió en la Casa Blanca
Entre los complementos adicionales hay el libro épico de Shahnameh, la poesía de Hafez o el libro sagrado del zoroastrismo llamado Avesta: los tres simbolizan la sabiduría; un espejo que simboliza el cielo y la autorreflexión consciente; las velas simbolizan la buena luz y la divinidad; las monedas simbolizan la riqueza; los peces de varios colores simbolizan la vida y el último mes del calendario Persa; los flores de jacinto el aroma celestial de la llegada de la primavera y los huevos pintados simbolizan la fertilidad y la creación.

El 20 o 21 de marzo todos los miembros de la familia se reúnen y esperan el momento del equinoccio de primavera, que sucede en el momento exacto en que el sol cruza el ecuador de la tierra. En este momento se comparten abrazos, besos y se intercambian regalos. La comida tradicional es preparada y comida en compañía. Se tocan instrumentos y la casa se llena de alegría.
Las celebraciones de Nowruz terminan el día trece con un evento llamado Sizdeh Bedar y en este día, las familias organizan picnics, pasan el tiempo en los parques y en la naturaleza mientras disfrutan de la llegada de la primavera. También es tradición llevar el trigo sembrado del Haftsin y tirarlo en un río o en un lago, mientras se hace un deseo.

Nowruz demuestra los contrastes fundamentales entre bien y mal, la apreciación de los buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones, que son las “santas” palabras del Zoroastrismo. Es una antigua creencia filosófica que ha dado forma a la ética y la moral de la humanidad desde los albores de la civilización. Los contrastes hacen el mundo hermoso, permitiendo al hombre de apreciar la vida cuando se le da la vida misma. Nowruz Piruz!

Ruinas del palacio Apadana de Persépolis, Irán

La Fecha del Descubrimiento: ¿Pisó Colón Realmente América el 12 de octubre de 1492?

Colón tomando posesión de América. Óleo sobre lienzo de John Vanderlyn (1847). Capitolio de Estados Unidos.
La Fecha del Descubrimiento: ¿Pisó Colón Realmente América el 12 de octubre de 1492?

Existen datos, fechas y acontecimientos históricos tremendamente fáciles de recordar por la memoria colectiva. Según la historia oficial, el 12 de octubre del año 1492 el almirante Cristóbal Colón pisaba por vez primera el continente Americano. Pero ¿y si en realidad el descubrimiento de América por parte de los europeos no tuvo lugar en esa fecha?

Eras y calendarios

La civilización occidental creó su cronología a partir de un hipotético punto de partida, proclamando que desde ese momento se iniciaba una nueva era para la humanidad. Sin embargo, nuestra civlización solo ha conocido realmente dos eras: la que se inició con la fundación de Roma (“ab urbe condita”) y la era cristiana a partir del nacimiento de Jesús de Nazaret (“ab incarnatione Domini”), propuesta en el año 527 por el monje Dionisio el Exiguo. Este monje llegó a la conclusión de que Jesucristo había nacido el 25 de diciembre del año 754 ab urbe condita, y propuso que dicho año fuera llamado 1 a. D. (anno Domini, Año del Señor). Pero los cálculos de Dionisio el Exiguo estaban equivocados, ya que para ese año el rey Herodes ya había muerto, por lo que Jesucristo debió nacer cuatro o cinco años antes.

No todas las naciones occidentales se sumaron al nuevo sistema inmediatamente. De hecho Portugal no adoptó la era cristiana hasta casi las vísperas de, precisamente, el descubrimiento de América. Y mientras se discutía el tema del cómputo de los años, se continuaba utilizando el Calendario Juliano. instituido por Julio César en el año 47 a. C. (707 ab urbe condita, es decir desde la fundación de Roma).

Cayo Julio César instituyó el Calendario Juliano en el año 47 a. C.
Durante los 16 siglos que estuvo en funcionamiento el Calendario Juliano se produjo un desajuste de 11 días de más. Así que, en 1582, el Papa Gregorio XIII promulgó un nuevo calendario, llamado Gregoriano por ser él su principal promotor. El Papa reunió un grupo de expertos que, después de cinco años de estudios, implantó el calendario que actualmente tenemos en vigor en la sociedad occidental.

La primera decisión que se adoptó fue la de suprimir diez días. De este modo, en el año 1582 se pasó de golpe del 4 al 15 de octubre: ese año hubo, por tanto, diez días que no existieron porque ya habían sido contabilizados a lo largo de los 16 siglos anteriores en los que estuvo vigente el calendario Juliano.
    La segunda decisión, basada en la corrección de la duración del año solar –establecida por los astrónomos en 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos–  fue la de estipular un nuevo sistema de años bisiestos para evitar que en un futuro se produjeran desajustes de tal magnitud, estableciéndose del siguiente modo: la duración básica del año sería de 365 días, pero serían bisiestos (es decir tendrán 366 días) aquellos años cuyas dos últimas cifras fueran divisibles por 4, exceptuando a los años seculares, es decir, los que expresan el número exacto del siglo (1600, 1800, 1900, 2000, etc), de los que se exceptuarían a su vez, aquellos cuyo número fuera divisible por 400, que sí serían bisiestos.

    Documento Oficial de la Reforma Gregoriana del Calendario (1582). Bibliotecas Vaticanas.
    Otra medida adoptada en la Reforma Gregoriana fue la elección del 1 de enero como primer día del año: durante los 16 siglos que estuvo vigente el Calendario Juliano, el primer día del año se situó en el 1 de marzo,  25 de marzo o 25 de diciembre, según las épocas. El nuevo calendario fue inmediatamente adoptado en todos los países católicos, pero el resto del mundo tardó en aceptarlo, siendo Rusia uno de los últimos países en hacerlo en el año 1918.

    Colón y el nuevo calendario

    El 12 de octubre de 1492 es una fecha anterior al año en el que se tomó la decisión de reformar el calendario. Se trata, por tanto, de una fecha que corresponde al antiguo e “imperfecto” Calendario Juliano, y no al Gregoriano por el que nos regimos en la actualidad.

    Así pues, tomando como veraz el dato que nos indica que la expedición comandada por Cristóbal Colón pisó tierras americanas por vez primera el 12 de octubre de 1492 del Calendario Juliano, esto quiere decir que, en realidad, la posición del sol y las estrellas en ese momento, serían las del 20 o 21 de octubre según el cómputo Gregoriano, puesto que el 12 de octubre actual no se corresponde con el 12 de octubre de entonces.

    Aunque se trate de una anécdota sin importancia desde el punto de vista histórico y se hayan mantenido las fechas importantes previas a la reforma por lo complejo e intrincado que resultaría corregirlas, lo cierto es que el desajuste del Calendario Juliano era de aproximadamente 1 día por cada 100 años. Por lo tanto, unos 100 años antes de la reforma, el error debía estar en torno a los 9 días. Es decir, que Rodrigo de Triana no habría gritado “¡tierra!, a las dos de la madrugada del 12 de octubre de 1492, sino a las dos de la madrugada del 20 o 21 de octubre de ese mismo año.

    Escultura de Rodrigo de Triana gritando “¡tierra!” en el Muelle de Las Carabelas de Palos de la Frontera, Huelva (España).
    Opiniones de otros historiadores

    No todos los historiadores -y menos aún los coetáneos de Colón-, concuerdan en fijar el 12 de octubre de 1492 como el día de la llegada de los navegantes a la isla Guanahaní. Esto se debe por un lado al propio Colón, quien nunca afirmó con exactitud esa fecha, y por otro, al único depositario y transcriptor de su Diario de a bordo, fray Bartolomé de Las Casas, quien omitió esa fecha concreta en la copia que insertó en su Historia de las Indias. Será Hernando Colón, hijo del almirante y descubridor, quien en la biografía de su padre, publicada en Venecia en 1571, sí señale la fecha del 12 de octubre de 1492 como el día del descubrimiento del Nuevo Mundo.

    El escritor italiano E.C. Branchi llevó a cabo en 1934 una exhaustiva investigación basada en los documentos de 88 cronistas contemporáneos de Colón e historiadores de los siglos XV, XVI y parte del XVII, y sus conclusiones fueron sorprendentes y aplastantes: ninguno de los archivos y crónicas señalaba el 12 de octubre como fecha del descubrimiento de América. De hecho, 35 de los historiadores consultados describen el descubrimiento sin aportar fecha alguna, 33 anotan solamente el año 1492, seis afirman que tuvo lugar el 11 de octubre, uno indica el 11 de noviembre, otro el 10 de octubre y otros doce cuentan los días de travesía, sin aportar más detalles.

    La omisión de la famosa fecha del 12 de octubre, según Branchi, debió ser intencionada y debida a un propósito bien meditado. Según él, la fecha se dejó en blanco porque, en realidad, Colón y su tripulación pisaron la isla de Guanahaní el sábado 13 de octubre de 1492. La mentalidad feudal de la época, tan marcada por la superstición y la magia, había hecho del 13 un número maldito. Por esta razón, Bartolomé de Las Casas habría adelantado en un día la fecha del descubrimiento.

    Colón desembarca en Guanahaní. Esta ilustración, al parecer contemporánea a la época del Descubrimiento, aparece en el libro “Bibliothek des allgemeinen und praktischen Wissens” de Emanuel Müller-Baden, en su edición de 1904
    Otros antiguos historiadores realizaron cálculos diferentes que apuntaban al jueves 11 de octubre como la verdadera fecha del Descubrimiento: Gonzalo Fernández de Oviedo y Francisco López de Gomara, por ejemplo, así lo creyeron. Aún a día de hoy, son bastantes los estudiosos que aseguran que Oviedo y Gomara estaban en lo cierto, ya que los marineros contabilizaban sus travesías de mediodía a mediodía, y el avistamiento de Guanahaní tuvo lugar dos horas después de la medianoche del jueves 11.

    El calendario europeo más antiguo conocido está basado en la constelación de Orión


    El calendario europeo más antiguo conocido está basado en la constelación de Orión

    A finales de los años 70 del siglo XX, durante la construcción de un refugio atómico, fue descubierta una antigua vasija hecha pedazos entre los escombros. Los arqueólogos de entonces quedaron muy perplejos ante los extraños dibujos geométricos que se observaban en esta pieza cerámica, datada en torno al año 2600 a. C., hasta que el Dr. Aleksandar Durman finalmente descifró su código: se trataba de un calendario. Aunque, a diferencia de los calendarios egipcios o sumerios de la misma época, este calendario europeo no estaba basado en el sol o en la luna, sino más bien en las estrellas. En el centro de las constelaciones trazadas sobre su superficie se encontraba la que recibe el nombre del noble cazador de la mitología griega: Orión.

    Esta pieza cerámica fue desenterrada el 21 de marzo del año 1978, en el transcurso de la construcción del que es ahora el Hotel Slavonija de Vinkovci, Croacia. Los arqueólogos reconocieron rápidamente el hallazgo como perteneciente a la antigua cultura Vučedol, que se desarrolló en las márgenes occidentales del Danubio entre los años 3000 a. C. y 2200 a. C. Sin embargo, aunque los investigadores sabían que la pieza pertenecía al pueblo Vučedol, sus dibujos no fueron descifrados hasta décadas más tarde.

    Mapa del área de influencia de la cultura Vučedol.
    La cultura Vučedol era contemporánea de la incipiente Troya, el Imperio Antiguo de Egipto y el imperio sumerio de Mesopotamia. A diferencia de estas civilizaciones, los Vučedol eran de origen indoeuropeo, y por lo tanto no adoraban a la luna. Era el sol el astro al que los Vučedol rendían culto, aunque no pudiera ayudarles a comprender las estaciones siendo un pueblo que vivía en el paralelo 45. Como muchos ya sabrán, en el hemisferio norte el sol no nace y se pone en el mismo lugar a lo largo del año, como ocurre en el Ecuador. De este modo, los Vučedol tomaron como referencia en su lugar los precisos movimientos de las estrellas.

    De suma importancia era Orión, una constelación fácilmente reconocible por el ‘cinturón’ del mítico cazador, constituido por tres brillantes estrellas que forman una línea recta. En la región en que vivían los Vučedol, Orión se ocultaba en el horizonte cierto día del año para desaparecer durante todo el verano.

    “En la época de la cultura Vučedol, el cinturón de Orión, que es la constelación invernal dominante, se ocultaba en el horizonte exactamente el 21 de marzo, marcando de este modo el equinoccio de primavera,” afirma el Dr. Aleksandar Durman. Los Vučedol observaron que Orión indicaba el comienzo de un nuevo año. A partir de esta sencilla constatación, fueron capaces de construir un calendario completo para todo el año.

    La constelación de Orión a simple vista
    Este calendario Vučedol puede observarse en la vasija hallada en el año 1978. Sus dibujos decorativos están divididos en cuatro hileras, una para cada estación. La hilera inferior, cercana al fondo de la vasija, representa la primavera. La pieza cerámica está rota, de modo que no pueden verse todos los cuadrantes de cada una de las hileras, pero los dibujos que se conservan de la primera franja representan al sol y al cinturón de Orión.
      La segunda hilera representa el verano. En los cuadrantes de esta franja aparecen las constelaciones de las Pléyades, el Cisne y Casiopea: constelaciones igualmente importantes que fueron también utilizadas por los griegos para determinar los movimientos celestes. Casiopea en particular resulta útil para llevar la cuenta del paso del tiempo a lo largo del año. Durante el verano, sus cinco estrellas forman una ‘W’. A medida que el año progresa, la W gira hasta que, cuando llega el invierno, las cinco estrellas adoptan la posición de una ‘M’. En la leyenda griega, Casiopea está encadenada a su trono y condenada a girar eternamente en el cielo porque había afirmado que su hija era más bella que las Nereidas.

      La tercera franja representa el otoño. Los cuadrantes de esta hilera nos muestran las Pléyades, Géminis y Pegaso/Piscis. Finalmente, la franja superior es la del invierno. Aquí podemos observar el símbolo de Casiopea girado 180 grados, así como a Pegaso/Piscis, las Pléyades, Géminis y el regreso de la constelación dominante de invierno, Orión.

      Aunque no podemos estar seguros de cuáles eran algunos de los dibujos de la vasija, al encontrarse incompleta, los investigadores creen que cada hilera tenía en un principio 12 cuadrantes, lo que podría corresponderse con el número de semanas de cada estación.

      La sociedad Vučedol estaba muy jerarquizada. Se han hallado evidencias de personajes de esta cultura, que aparentemente gozaban de una alta consideración, enterrados con joyas de oro. En un principio ganaderos, los Vučedol alcanzaron la maestría en la fundición del cobre hacia el año 3000 a. C. El trabajo con el cobre no solo aportaba beneficios económicos, sino que también estaba considerado poderosamente mágico. El escalafón superior de la cultura Vučedol era por tanto el de los artesanos del cobre, una casta dominada por los chamanes. Se creía antiguamente que estos chamanes-artesanos podían alcanzar el corazón de la tierra y extraer de él su esencia vital: el cobre.

      Además, el chamán artesano era capaz de manipular el mineral por medio de procesos naturales a fin de alterar su naturaleza para que prestara un mejor servicio al ser humano. Debemos tener en mente que la fundición del cobre no es tarea fácil. El chamán-artesano sabía cómo evitar las emanaciones de gas venenoso, arsénico, inherentes a la fundición del cobre. Con el tiempo, el chamán-artesano acababa perdiendo su capacidad de coordinar los movimientos corporales, ya que el arsénico, cuya inhalación nunca podían evitar por completo, le mataba lentamente. En la cultura Vučedol, cada individuo nacía con una casta y una profesión que le acompañaba hasta su muerte.

      Predicciones en el antiguo Egipto basadas en los ciclos de la “Estrella del Diablo” y la Luna


      Predicciones en el antiguo Egipto basadas en los ciclos de la “Estrella del Diablo” y la Luna

      Existe desde hace tiempo la teoría de que los textos mitológicos de los antiguos egipcios contienen pasajes relacionados con los fenómenos astronómicos. También se sabe que como parte de su cosmología, los egipcios crearon calendarios que señalaban cuáles eran los días favorables y los desfavorables, aunque no siempre ha quedado claro en qué conocimientos o acontecimientos estaban basadas estas predicciones. Recientemente, el estudio de uno de los calendarios egipcios mejor conservados, el Calendario de El Cairo, ha demostrado que dichas predicciones podrían estar basadas en los ciclos de la estrella binaria Algol y de la luna.

      El año del antiguo Egipto incluía 12 meses de 30 días, además de cinco días “epagómenos” adicionales. Un ejemplo de un antiguo calendario egipcio es el Calendario de El Cairo, que fue creado entre el 1244 a. C. y el 1163 a. C. y contiene pasajes relacionados con predicciones diarias bajo la forma de acontecimientos mitológicos. En el Calendario de El Cairo hay tres predicciones para cada día. Durante un tiempo se creyó que estaba basado en fenómenos astronómicos.
      Sebastian Porceddu, de la Universidad de Helsinki y uno de los autores del estudio, afirma que los resultados de su análisis estadístico del texto religioso son muy reveladores en el sentido que:
      Hasta ahora, solo ha habido conjeturas acerca de la posibilidad de que muchos de los textos mitológicos del Calendario de El Cairo describieran fenómenos astronómicos. Pero ahora podemos asegurar sin ambigüedades que durante todo el año las acciones de muchos de los dioses del Calendario de El Cairo estaban conectadas con los ciclos regulares de Algol y de la luna.”

      Según Phys.org, la reciente investigación del Calendario de El Cairo aporta pruebas concretas de que la estrella variable Algol y su período ya eran conocidos y utilizados para la adivinación por los antiguos egipcios unos tres milenios antes de lo que se creía hasta ahora. Antes de las pruebas obtenidas en este estudio, se creía que Algol había sido la segunda estrella variable descubierta en la historia, documentada por primera vez en 1669 por Montanari.

      Localización de Algol en la constelación de Perseo.
      Escriben Lauri Jetsu y Sebastian Porceddu al respecto: “Hemos presentado pruebas de que los ciclos de 2,85 días de los pronósticos sobre la fortuna que aparecen en el Calendario de El Cairo son los mismos que los de la estrella binaria eclipsante Algol a lo largo de esta época histórica.”
        Por otro lado, los investigadores afirman que “Algol estaba representada por Horus, y por tanto simbolizaba tanto la divinidad como la realeza. Los textos que describen las acciones de Horus son coherentes con el curso de los fenómenos astronómicos de los que sería testigo un observador a simple vista de Algol.”

        Pasaje del Calendario de El Cairo. En el interior del rectángulo sobreimpreso podemos observar la palabra ‘Horus’ en escritura hierática.

        Algol forma parte de una pareja binaria de estrellas, y es conocida comúnmente como “la Estrella del Diablo”. Forma parte de la constelación de Perseo. Esta estrella variable y su compañera comparten centro de gravedad, y cuando se alinean cada 2,85 días una de las estrellas eclipsa a la otra, lo que da lugar a que su brillo se vea atenuado.

        Algol recibió su nombre de Estrella del Diablo en honor a la criatura mitológica de Medusa, una de las tres Gorgonas. La palabra Algol procede de la palabra árabe Ra's al-Ghul, que significa, “la Cabeza del Diablo.” También se conoce a Algol como estrella variable por los fenómenos de crecimiento y eclipsamiento que sufre periódicamente a causa de sus eclipses, lo que según los antiguos griegos estaba relacionado con el parpadeo del ojo de Medusa.

        Representación artística de la constelación de Perseo con la cabeza de Medusa, ilustración de 1690.
        Se menciona asimismo en el Calendario de El Cairo la importancia de las fases lunares en relación con la fortuna. Jetsu y Porceddu creen que han logrado averiguar cuál es el dios asociado con este cuerpo celeste: “Demostramos que las acciones de Seth están conectadas con este ciclo, que también regulaba estrictamente las épocas descritas como afortunadas para los Cielos y la Tierra.”
        En el Calendario de El Cairo, las apariciones más brillantes tanto de Algol como de la luna se consideran afortunadas, mientras que sus fases más tenues presagian días poco propicios. A diferencia de otros horóscopos, los antiguos egipcios creían que los efectos de las esferas celestes afectaban a todo el mundo.

        Seth y Horus bendicen a Ramsés. El reciente estudio demuestra que la luna podría haber estado representada por Seth y la estrella variable Algol por Horus en el Calendario de El Cairo.
        Lauri Jetsu comprende que el estudio pueda no ser bien recibido por todo aquél que lo lea:  

        “Me plantearía serias dudas que alguien afirmara, por ejemplo, que la Biblia contiene información acerca de la presencia de agua en Marte. Nosotros defendemos que antiguos textos religiosos egipcios contienen información astrofísica sobre Algol. No nos sorprendería por tanto que hubiera, como hay de hecho, escépticos.”

        Profecías apocalípticas: los mitos del fin de los tiempos y la destrucción del mundo



        Profecías apocalípticas: los mitos del fin de los tiempos y la destrucción del mundo

        Existen incontables profecías sobre el mismo evento universal en diferentes culturas alrededor del mundo. A juzgar por las fechas que algunas señalan –como el calendario maya– y las descripciones ofrecidas, muchos estudiosos y científicos coinciden en que se refieren al tiempo presente. La tradición judeo-cristiana, por ejemplo, habla del ‘juicio final’ y tanto los mayas como los hopi nos han legado mitos similares. La única diferencia es que en vez de llamarlo ‘juicio final’, lo llaman un tiempo de ‘limpieza’ o ‘purificación’. Según estos mitos, la evolución del universo es cíclica y, como un cuerpo viviente, éste se vuelve sano y armónico cuando toda la suciedad y la escoria son eliminadas.

        Cuando diferentes personas aportan pruebas de visiones sobre un mismo gran evento, éstas naturalmente pueden presentar diferencias, pudiendo incluir diferentes mensajes y distintos significados. Para los antiguos chinos, detrás de las profecías hay dioses que desean transmitir un mensaje: a ciertas personas se les permitiría establecer una conexión con otros espacios y servir como hilo conductor entre los dioses y la sociedad humana. Los dioses luego canalizarían a través de esas personas sus visiones del pasado o del futuro. Unas visiones que pueden reflejar, no solo sucesos de nuestra Tierra, sino también cosas que ocurrieron u ocurrirán en otros espacios ya que, según los sabios chinos, los grandes acontecimientos de nuestro mundo son reflejo de los cambios del fenómeno celestial. Antes de que estos sucesos ocurran realmente en el mundo humano, solo se nos permite advertirlos en un nivel metafórico o difuso.

        Völuspá, la profecía de la vidente”, es un famoso poema del norte de Europa (Alemania y la península de Escandinavia). Tal y como ocurre con otros relatos épicos, los detalles de su origen son imposibles de confirmar. Se cree que fue escrito durante la era vikinga, antes de que el cristianismo llegase al norte de Europa; aunque también podría haber sido escrito antes. El poema cuenta la historia de la formación, destrucción y regeneración del universo.

        La vidente de Völuspá, dibujo realizado por Carl Larsson para la versión sueca de la Edda poética de 1893, traducida por Fredrik Sander.
        Su descripción de la creación del universo es notablemente similar al relato chino sobre la deidad gigante Pan Gu que creó el Cielo y la Tierra. En el comienzo, había caos, luego aparecieron los dioses, seguidos por los seres humanos –incluidos gigantes y enanos, hasta que sólo sobrevivió el hombre actual–  y todos los demás elementos de la Tierra. Finalmente, comienza a tejerse una descripción de un tiempo por venir: el Ragnarök, el final de todos los dioses.

        De acuerdo con la profecía, todos los dioses habrán de enfrentarse a una catástrofe predestinada, una batalla multitudinaria entre lo recto y las antiguas fuerzas del universo que terminará en una destrucción total. En este contexto emergerá un magnífico dios que realizará un juicio final sobre todos los seres y todas las cosas. Un nuevo mundo será creado posteriormente, y todos los dioses, incluidos aquellos que murieron en la batalla, renacerán. Reinarán la paz y la felicidad, y aquellos humanos afortunados que hayan logrado sobrevivir comenzarán un nuevo futuro.

        Existen varias versiones de este poema, y todas ellas resultan vagas y de difícil comprensión. Sin embargo, si bien los detalles menores difieren de una versión a otra, todas coinciden a la hora de captar el significado básico del poema: esa fue, quizás, la intención del autor. Así es también cómo los antiguos chinos entendían que debía escribirse una profecía. No es que la intención del autor fuera dificultar la comprensión del poema, sino que, simplemente, las profecías no deben revelar demasiado. De no ser así, violarían la ilusión en la que –según las principales corrientes espirituales– se enmarca nuestro mundo.

        Pan Gu esculpiendo el mundo. Ilustración extraida del libro ‘A history of China’, (1897) de Frederick Wells Williams, (1857-1928). Biblioteca de la Universidad Cornell
        Las referencias del poema relacionadas con dioses que sufren calamidades recuerdan a una profecía de la Dinastía Ming, que conocemos por una conversación entre el primer Emperador de la dinastía Ming, Zhu Yuanzhang, y el famoso profeta Liu Bowen. Cuando el Emperador le preguntó: “¿Qué tienes que decir acerca del Dao en esa era?”, Liu Bowen respondió:

        "Al final del último periodo del Fa, un sinnúmero de reyes, fo, pusa, luohan y dao bajarán al mundo humano y a todos les resultará difícil escapar de esta calamidad. Una vez hayan visto la catástrofe que pronto aparecerá, también sabrán que en este periodo, el Rey de Reyes del universo, Mile –‘el Fo venidero’–, bajará al mundo humano para transmitir la Gran Ley del Universo. Entonces, todos se reencarnarán utilizando el cuerpo humano para asimilar la Gran Ley que el Señor transmitirá en el mundo humano. No importa quién, los dioses en el Cielo o sobre la Tierra no van a poder escapar de esta catástrofe y se les despojará de su posición si no encuentran la vía del hilo de oro, el camino del conocimiento".

        El calendario maya

        Aunque los mayas desaparecieron hace largo tiempo, el calendario que empleaban, denominado Calendario de Cuenta Larga, perduró hasta nuestros días. Según este calendario, el final de la civilización humana actual sucedería el último día del decimotercer “Baktun”, lo que en nuestro calendario correspondería al 21 de diciembre del año 2012.

        Cara este de la estela C de Quiriguá, con el mítico dato del inicio de la cuenta larga en el 13 (0) baktun, 0 katun, 0 tun, 18 (0) uinal, 0 kin, 4 ahau y 8 cumku, correspondiente al 11 de agosto del año 3114 a. C. del calendario gregoriano.
        En noviembre del año 2011, según el Instituto Nacional de Historia y Antropología de México, se descubrió una nueva referencia a diciembre del 2012 en una piedra hallada en una pirámide maya. Difundida como “el ladrillo de Comalcalco”, la piedra tiene unos 1.300 años de antigüedad y estaba colocada en la edificación con su inscripción hacia dentro y sellada para, aparentemente, no ser vista.
        Los mayas llamaban a los 20 años del 13er Baktun (del 1992 al 2012) el periodo de “la regeneración de la Tierra” o “purificación de la Tierra”. En el año 755 un monje maya predijo que después de 1991 ocurrirían dos grandes eventos: la conciencia cósmica de los seres humanos y la purificación y regeneración de la Tierra.

        En efecto, la astronomía contemporánea confirmó que el 21 de diciembre del 2012 (día exacto de la profecía maya) correspondió a un solsticio de invierno. Además, el sol estaba ubicado justo en la “grieta” de la Vía Láctea, o lo que es igual, la galaxia se “sentó” sobre la Tierra. Algunos astrónomos lo definieron como que prácticamente “el cielo abrió sus puertas a la Tierra”.

        El célebre “Ladrillo de Comalcalco”.
        Las predicciones relacionadas con tales observaciones se encuentran hoy plasmadas en el reverso del billete de un dólar. Uno de los diseños allí estampados es el de una pirámide con 13 niveles. En la cúspide de la pirámide surge un ojo brillante que simboliza la sabiduría. Esto implicaría el despertar de los seres humanos tras el 13er Baktun. Asimismo, los lemas “Annuit coeptis” y “Novus Ordo Seclorum” darían a entender que los dioses están cuidando de nuestro comportamiento, y que ha llegado el nuevo orden en la nueva era, respectivamente.

        En cuanto a Michel de Nostradamus, quien vivió entre los años 1503 y 1566, no solo profetizó hechos como el nacimiento de Napoleón, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, el poder de Hitler, la independencia de los Estados Unidos, el desastre de Chernóbil o la caída del muro de Berlín. También dio a entender que sobrevendría un gran cambio en la humanidad que se comenzaría a gestar a partir del año 1999, el mismo en el que la segunda de las siete profecías mayas hace referencia a una pérdida del control de las emociones de una cierta parte de la humanidad, y al despertar espiritual de la otra.

        La hora de la reflexión

        Existen abrumadoras similitudes entre éstas y otras tantas profecías referidas al ‘juicio final’ o al tiempo de ‘purificación’, las cuales, coincidentemente, no se refieren a ninguna civilización en particular.

        Retrato original de Michel de Nôtre-Dame (1503- 1566), pintado aproximadamente en 1614 por su hijo César.
        Otras profecías suelen apuntar principalmente a un hecho, una nación o una cultura específica, mientras que éstas suelen referirse, sorprendentemente, al mundo entero. Muchas de estas profecías, de hecho, aunque son milenarias, han sido descubiertas o recuperadas recientemente, en plena era moderna, en un momento en el que, resulta trivial el lugar donde fueran escritas o desveladas porque la tecnología actual hace posible que el mundo entero pueda saber de ellas. Tal es el caso de las famosas profecías chinas de Liu Bowen y de los milenarios códigos de los glifos mayas.

        Verdad o mito, las profecías sobre el 2012, el tiempo de ‘purificación’, el ‘juicio final’ o ‘la nueva era’ se multiplican con notables coincidencias entre ellas, a través de datos astronómicos que han podido comprobarse científicamente y por las certeras descripciones sobre la moral actual. En todo caso, constituyen un sólido argumento para reflexionar acerca del destino de la humanidad y de la misión de cada uno de nosotros  como ser humano consciente en medio de un inmenso y convulsionado universo.


        Los antiguos orígenes de las celebraciones de Año Nuevo


        Los antiguos orígenes de las celebraciones de Año Nuevo

        El primer día de enero muchos países de todo el mundo celebran el comienzo de un nuevo año. Pero las fiestas y celebraciones que marcan el comienzo del calendario llevan existiendo desde hace muchos miles de años. Mientras que algunas de ellas sólo constituían una excusa para beber y estar alegres, muchas otras sí que se vinculaban a determinados acontecimientos agrícolas o astronómicos. En Egipto, por ejemplo, el año comenzaba con la inundación anual del Nilo, que coincidía con la aparición en el horizonte de la estrella Sirio. Los fenicios y los persas empezaban su año nuevo con el equinoccio de primavera, mientras que los griegos lo celebraban en el solsticio invernal. Por su parte, el primer día del año nuevo chino coincidía con la segunda luna nueva tras el solsticio invernal.

        La celebración del Akitu en Babilonia

        La primera festividad del año nuevo de la que tenemos constancia se remonta hasta la Babilonia de hace 4.000 años, y se interrelacionaba con la religión y la mitología. Para los babilonios de la Antigua Mesopotamia, la primera luna nueva después del equinoccio vernal o primaveral, día con idéntica cantidad de horas de luz y de oscuridad que tiene lugar en el hemisferio norte a finales de marzo, anunciaba el comienzo de un nuevo año, y representaba el renacimiento del mundo natural. Los babilonios aprovechaban la ocasión para celebrar un fastuoso festival religioso llamado Akitu, (nombre derivado de la palabra sumeria para la cebada, que se cosechaba en la primavera) que desarrollaba un ritual distinto para cada uno de los 11 días de festejos. Durante el Akitu, se paseaba a las estatuas de los dioses en procesión por las calles de la ciudad, y los diversos ritos simbolizaban su victoria sobre las fuerzas del caos. Los babilonios creían que gracias a los dioses el mundo se limpiaba simbólicamente y quedaba listo para el regreso de la primavera.
        Además del nuevo año, en el Akitu se celebraba la victoria mística de Marduk, dios babilonio de los cielos, sobre Tiamat, diosa del mar. Por otro lado, los festejos tenían también un trasfondo político: durante este tiempo el nuevo rey era coronado o se renovaba el mandato del soberano que ocupara el trono en ese momento. Un aspecto fascinante del Akitu era la humillación ritual que se infligía al rey babilonio. Con esta tradición tan peculiar el rey se situaba delante de la estatua del dios Marduk, era despojado de sus vestiduras reales y a continuación se le abofeteaba y tiraba de las orejas con la esperanza de hacerle llorar. El llanto real era señal de que Marduk se sentía satisfecho y de que prolongaba de forma simbólica el reinado del monarca.

        La antigua celebración romana de Jano

        El nuevo año romano también se celebraba en un principio en el equinoccio vernal. El calendario romano tenía en su origen 10 meses y 304 días, y cada año nuevo empezaba con el equinoccio de primavera. Según la tradición, este calendario fue creado por Rómulo, el fundador de Roma, en el siglo VIII a. C. Sin embargo, con el paso de los siglos, el calendario dejó de estar sincronizado con el año solar astronómico, y en el año 46 a. C. el emperador Julio Cesar decidió solucionar el problema consultando con los más importantes astrónomos y matemáticos de la época. Tras estas consultas, introdujo el calendario juliano: un calendario basado en el sol que parece más moderno que la mayoría de los utilizados hoy en día.

        Estatua de Jano Bifronte. Museos Vaticanos
        Como parte de su reforma, Cesar estableció el 1 de enero como primer día del año, en parte para honrar a Jano, la deidad consagrada a dicho mes y de cuyo nombre derivó posteriormente la palabra “enero”. Jano era el dios romano del cambio y los comienzos, cuyas dos caras le permitían mirar simultáneamente hacia atrás, al pasado y hacia delante, al futuro. Esta idea se vinculaba con el concepto de transición del año nuevo.
        Los romanos celebraban el 1 enero ofreciendo sacrificios a Jano con la esperanza de obtener buena fortuna para el año nuevo, decorando sus casas con ramas de laurel y asistiendo a fiestas muy bulliciosas. Este día se vivía como si fuera el punto de partida de los siguientes doce meses y era común que los amigos y vecinos se desearan la mejor de las fortunas al tiempo que intercambiaban higos y miel.

        Edad Media: queda abolido el 1 de enero

        En la Europa medieval, no obstante, las celebraciones que acompañaban a la llegada del nuevo año se consideraban paganas e impropias de cristianos, y en el año 567 d. C., el Concilio de Tours abolió el primero de enero como día del comienzo del año reemplazándolo por otras fechas con un significado más religioso, como por ejemplo, el 25 diciembre, Navidad, o el 25 de marzo, en el que se celebra la fiesta de la Anunciación de María, también llamada “Salutación angélica.”
        Además, a la fecha del 1 enero se le dio también un significado cristiano, pasando a ser conocida como la Fiesta de la Circuncisión, considerando que se trataba del octavo día de la vida de Cristo (contando a partir del 25 diciembre) y recordando que, de acuerdo con la tradición judaica, ocho días después de su nacimiento el niño recibía oficialmente su nombre en la ceremonia de su circuncisión. Sin embargo, el 25 diciembre como fecha del nacimiento de Jesús también es discutible .

        Calendario gregoriano: queda restaurado el 1 de enero

        En 1582, tras la reforma del calendario gregoriano, el Papa Gregorio XIII restableció el primero de enero como día del Año Nuevo. Aunque los países católicos adoptaron en su mayoría el calendario gregoriano de manera casi inmediata, los países protestantes solo lo hicieron de forma gradual. Los británicos, por ejemplo, no lo adoptaron  hasta 1752. Hasta entonces, el imperio británico -incluidas sus colonias americanas-, todavía celebraban el Año Nuevo en marzo.

        Retrato de Gregorio XIII obra de Lavinia Fontana 

        Un nuevo insecto de 100 millones de años es descubierto atrapado en ámbar


        Un insecto de 100 millones de años y similar a un «alienígena» es descubierto atrapado en ámbar.

        Los investigadores han descubierto dos insectos de 100 millones de años atrapados en ámbar que son tan inusuales, que representan un nuevo orden entero de insectos.

        Encontrar un nuevo orden de insectos es un evento extremadamente raro, y trae la cantidad total de órdenes conocidas dentro de la clase a 32.

        El insecto, que ahora se conoce como Aethiocarenus burmanicus, tiene ojos «alienígenas», una cabeza triangular, un cuerpo largo y plano y piernas esbeltas.

        La naturaleza inusual de sus características requirió la creación de un nuevo orden – la categoría taxonómica por debajo de la clase y sobre la familia que el equipo ha llamado Aethiocarenodea.

        «Este insecto tiene una serie de características que simplemente no coinciden con las de cualquier otra especie de insecto que conozco», dijo el miembro del equipo George Poinar Jr., de la Universidad Estatal de Oregón.

        «Nunca había visto nada parecido, parecía ser único en el mundo de los insectos y, después de una considerable discusión, decidimos que debía tomar su lugar en un nuevo orden».

        Una de las cosas más extrañas sobre el espécimen recién encontrado es que sus ojos se abomban a los lados, lo que le permite mirar directamente detrás de sí mismo. Y glándulas especiales en su cuello indican que podría haber emitido sustancias químicas para protegerse de posibles depredadores.

        «Otras características del fósil son el largo cuerpo estrecho y plano, las piernas largas y delgadas, especialmente el par posterior que es el doble de la longitud del abdomen, la falta de alas, los ojos salientes, los ocelos pareados, las glándulas secretoras ubicadas en el dorso del cuello Y el abdomen hinchado con cercipar segmentado pareado», informa el equipo.

        Así es como se ven las glándulas del cuello de cerca:


        El equipo dice que el espécimen -que se presume está extinguido, ya que sólo se sabe de estas muestras de ámbar- era muy probablemente omnívoro de las antiguas formas de Birmania hace unos 100 millones de años.

        Su extinción fue repentina, y la causa sigue siendo un misterio.

         Cuando estaba vivo, el insecto pasaba la mayor parte de su tiempo corriendo por los árboles, donde probablemente comía hongos, ácaros y gusanos.

        «Lo más extraño de este insecto es que la cabeza se parecía tanto a la forma en que los alienígenas son retratados a menudo», dijo Poinar.

        «Con su cuello largo, sus grandes ojos y su extraña cabeza oblonga, pensé que se parecía a un extraterrestre. Incluso hice una máscara de Halloween que se asemejaba a la cabeza de este insecto. Pero cuando me puse la máscara los niños pequeños se asustaron tanto que me la quité.»

        Antes del reciente descubrimiento, los científicos sabían de aproximadamente 1 millón de diferentes especies de insectos pertenecientes a 31 órdenes diferentes.

        El mayor orden, Coleoptera, contiene cientos de miles de especies conocidas, incluyendo escarabajos y gorgojos.

        Se necesitará más investigación para que los científicos comprendan completamente al nuevo insecto, por ejemplo, cuánto tiempo vivió, qué causó su extinción y si hay otras especies dentro del nuevo orden.

        El trabajo del equipo fue publicado en Cretaceous Research.




        Fuente: CodigoOculto.com
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